
ATEUS
DE CATALUNYA
Presentació de l'Associació per Albert Riba, President d'Ateus de Catalunya:
Bon día, Buenos días a todas y a todos.
Es
un honor para mí presentar una asociación como la nuestra que, a pesar de
tener una historia corta en el tiempo, dispone de una trayectoria clara y puede
mostrar un conjunto de documentos y actividades que nos permiten transmitir con
bastante exactitud una forma de hacer, una forma de ser.
Para
entender mejor la razón de nuestra existencia como organización es inevitable
remontarnos a los hechos que han determinado nuestra historia reciente. Desde el
siglo xix la implicación de los
poderes políticos y religiosos en contra de las ansias de libertad de una buena
parte de los ciudadanos de este país fue una realidad que en determinados
momentos llegó a vivirse como algo casi irreversible. Durante ese periodo, es
por todos sabido, se produjeron lamentables excesos, fruto de circunstancias políticas
complejas, que sembraron de injusticia y de crispación la realidad cotidiana de
la sociedad española.
La
guerra civil terminó de acentuar este enfrentamiento, condujo a los dos bandos
contendientes a un odio irracional que les llevó a cometer barbaridades
atroces, si bien no podemos dejar de recordar que mientras en el bando que
representaba la legalidad democrática los responsables de esas acciones fueron
preferentemente miembros de organizaciones sociales o bandas de incontrolados,
nunca los gobiernos legítimos alentaron tales actos, en el bando golpista,
sobretodo una vez terminada la contienda, la represión sobre los enemigos políticos
y religiosos fue cruel, implacable y en todos los casos alentada desde el
gobierno.
La
jerarquía católica, implicada profundamente en el pronunciamiento militar,
declaró como "Cruzada Nacional" el levantamiento golpista y aplaudió
la represión y la injusticia posteriores a cambio de prebendas económicas y
políticas. Durante la postguerra el poder de la Iglesia fue en aumento, si bien
en los últimos años de la dictadura, viendo cercano el final del régimen, se
escenificó un distanciamiento del poder acaso mas táctico que real. Todo ello
desembocó en un modelo de transición política pactado, donde las fuerzas
democráticas emergentes y los últimos estertores de la dictadura hicieron de
la amnesia una virtud, del olvido un mérito. Nada debía removerse demasiado en
aras de la transición pacífica a la democracia. La Iglesia oficial abrazó con
reservas las demandas de reconciliación nacional sin mostrar ningún signo de
arrepentimiento, imponiendo simplemente sus condiciones para salvar patrimonio y
privilegios sin oponerse al cambio.
La
labor ejercida por los agentes sociales durante cuarenta años, utilizando
malintencionadamente la imagen de las luchas sociales para extender la falsa
idea de que el ateísmo y el anticlericalismo sólo pretendían destruir la
Iglesia y acabar con la religión, sembró la desconfianza entre los ciudadanos,
que llegaron a asociar cualquier crítica a la Iglesia con la ofensa a la religión
y la quema de monjas y sacerdotes. Tampoco los casos del llamado socialismo real
ayudaron demasiado a comprender la verdadera naturaleza del ateísmo y del
pensamiento racionalista.
En
ese contexto, una vez aprobada la Constitución democrática en España, nadie
vindicó el buen nombre de los ateos, de su filosofía racionalista, de su
humanismo científico, de su esfuerzo por recuperar la dignidad y el derecho del
hombre a dirigir, sin intermediarios, su propio destino. Sólo algunas figuras
individuales, como nuestro apreciado amigo Puente Ojea aquí hoy presente,
salieron en defensa del pensamiento ateo, hasta que después de 16 años de
democracia un pequeño núcleo de personas confluimos en Catalunya con el
objetivo de luchar por algo que considerábamos importante: iniciar en nuestro
país la lucha por recuperar la libertad de conciencia, por reivindicar una
clara separación entre los ámbitos del Estado y de la Iglesia, y por recuperar
el valor del ateísmo como modelo de pensamiento capaz de ofrecer respuestas
positivas para la construcción de un hombre nuevo y de un modelo de sociedad más
justo, real y solidario.
En
el solsticio de invierno de 1994, tras un periodo de debate constituyente, se
aprobaron los Estatutos de Ateus de
Catalunya, que fueron tramitados para su legalización en la Oficina de
Registro de Asociaciones del Departamento de Justicia de la Generalitat de
Catalunya. Fue un momento histórico, el primer paso dado jamás para la
constitución de una asociación de ateos en España, con el reconocimiento de
muchas limitaciones que nos obligaban a iniciar nuestra tarea en un ámbito
reducido, pero con la inquebrantable determinación de llegar en el futuro a
todo el ámbito nacional y con la voluntad de hacer llegar nuestras ilusiones a
todo el mundo por medio de la cooperación internacional. El trabajo será
largo, dificultoso, pero las circunstancias para ver hecho realidad nuestro sueño
son cada vez mas favorables.
Nuestras
primeras intervenciones públicas encontraron un curioso eco que oscilaba entre
la incredulidad y la admiración manifiesta por el valor mostrado al declarar
nuestro ateísmo en una sociedad cada vez más secularizada, pero aun reacia a
afrontar honestamente el reto moral de la trascendencia y sus consecuencias
sociales. Esta situación nos llevó a un estancamiento que aprovechamos para
meditar sobre la orientación que debía darse a la asociación. Había nacido
con demasiada espontaneidad y la reflexión nos llevó a elaborar una estrategia
y redactar los primeros documentos programáticos. Una estrategia basada en
primer lugar en preparar unos textos de “Presentación” (que expresa
nuestros sentimientos) y un “Manifiesto” (que hace públicas nuestras
intuiciones), la elaboración de unos “Objetivos” (que recogen nuestros propósitos
de actuación) y la necesidad de impulsar una base social y potenciar nuestra
presencia en los medios de comunicación para conseguir la difusión de nuestro
programa, con la inestimable ayuda de las nuevas tecnologías, como siempre al
servicio del progreso.
Entre
la documentación que la organización de este II Encuentro les ha repartido, se
incluyen algunos de los documentos que he citado. Resumir un documento programático
es casi imposible, así que esperando que se animen a leerlos ustedes mismos,
citaré de forma sucinta aquellos elementos que me parecen mas relevantes:
En
la “Presentación” difundimos nuestra voluntad de tolerancia y de
participación abierta. De forma destacada afirmamos nuestra voluntad de no
imponer a nadie nuestras ideas, elemento que es el principal diferenciador con
la actitud que muestran mayormente las instituciones religiosas. Asimismo
exponemos la naturaleza positiva del pensamiento ateo, queremos un mundo mejor y
a ello aplicamos nuestras fuerzas, ya que no existiendo otra realidad posterior
a la vida, es sólo aquí donde podemos disfrutar y hacer que los demás
disfruten. Al tiempo deseamos dejar un mundo mejor para las generaciones
venideras. Esta visión del mundo sin prejuicios nos permite dejar atrás las
cadenas de viejas ideas para construir un hombre nuevo libre de la tutela
divina, mas responsable y comprometido con él mismo, con la naturaleza y con la
sociedad. Sólo construyendo un marco de felicidad es posible ser feliz.
El
“Manifiesto” constituye nuestra definición mas ajustada, nuestro
“corpus” ideológico, nuestra aportación más racional. Definimos en él
nuestro convencimiento de la no existencia de trascendencia alguna, ni de
realidades mas allá de lo que entendemos por lo “material”. Al mismo tiempo
reflejamos una importante consecuencia de ese hecho: valorar la única vida que
poseemos como valor absoluto recuperando su propiedad, y la responsabilidad de
legar nuestra herencia a nuestros hijos en mejores condiciones de como la hemos
recibido nosotros.
Para
ello es imprescindible el reconocimiento del valor del conocimiento científico
como uno de los motores del progreso. Nunca las religiones han hecho
aportaciones positivas en este sentido, sino que toda aportación, incluso las
de personas religiosas, ha contado con la oposición del poder religioso más
reaccionario. Cualquier descubrimiento científico es visto siempre como un
atentado al dogma, a la tradición, al poder temporal. Estos planteamientos
llevan al núcleo de nuestro manifiesto, los ateos tenemos y defendemos una
moral racionalista y humanista que propone una conducta digna y responsable en
lo personal, laica y democrática en lo político, cooperante y solidaria en lo
social, y sometida al asalto constante del criticismo científico. Este último
aspecto del pensamiento ateo da pie a la reiterada lucha por una educación
laica, racionalista y respetuosa con las diferencias, entendidas en el mejor
sentido de los movimientos lacistas que han defendido figuras tan relevantes
como Francesc Ferrer i Guardia.
A
mí personalmente me gustaría destacar por su especial importancia el siguiente
punto de nuestro pensamiento: nuestra existencia no se justifica en contra de
ningún dios, sino por la constatación de que nuestras actividades cotidianas
no precisan de la existencia de dioses, espíritus ni trascendencias en las que
descargar nuestras responsabilidades ni culpas, ni de la presunción de que, en
un incierto futuro, podamos llegar a recibir un premio o un castigo por nuestra
conducta.
Hemos
organizado nuestros “objetivos” en dos bloques. El primero trata de los
objetivos “generales” es decir aquellos planteamientos ideológicos hacia
los que se encamina globalmente nuestra organización: agrupar a los ateos,
recoger y coordinar las opiniones y las acciones de los ateos, promover sin ánimo
doctrinal la difusión del ateísmo, promover la difusión y la implantación de
la laicidad en la sociedad, defender los derechos y las libertades de los ateos
y de los ciudadanos en general, promover el progreso social y la solidaridad
entre todos los ciudadanos. Son objetivos optimistas y progresistas, pues se
basan en la suposición de que es posible mejorar la vida de las personas en
base a una sociedad más justa y responsable.
Los
objetivos “estratégicos” son en cambio propuestas de acciones concretas,
constituyen un programa ambicioso que requerirá esfuerzo, paciencia y grandes
dosis de habilidad para equilibrar un difícil binomio: voluntad firme y
capacidad de transacción. Hemos dividido este apartado en cinco grupos:
Generales:
como la defensa de la neutralidad del estado en materia religiosa, la denuncia
de la superstición y el fraude que se oculta muchas veces tras ciertas prácticas
religiosas o pseudoreligiosas, y la denuncia de las prácticas perjudiciales
para la salud o los derechos de las personas en relación a la religión o a la
superstición.
Legales:
como la supresión de leyes que favorezcan los intereses de cualquier confesión
religiosa o ideológica, la modificación del punto 3 del artículo 16 de la
Constitución, la supresión en los términos actuales o bien la modificación
de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980, en la misma linea propuesta
por la Asociación Europa Laica, que también nos acompaña hoy, la modificación
del estatus internacional de la Santa Sede, la elaboración de una propuesta
para impulsar la laicidad en Europa, la incorporación del Registro de
Asociaciones Religiosas en el Registro General de Asociaciones, y la modificación
de la Ley de Asociaciones para equiparar los derechos de todas las asociaciones
independientemente de su carácter o no religioso.
En
el apartado económico proponemos la completa desaparición de las aportaciones
del Estado a la financiación de confesiones religiosas, destacando la necesidad
de suprimir la asignación tributaria opcional a través de la declaración de
renta, las exenciones fiscales y la aplicación de la directiva vi
sobre armonización fiscal de la Unión Europea, que se opone a la exención iva
para los objetos destinados al culto.
En
el importante ámbito de la Educación impulsaremos la supresión de cualquier
asignatura de religión o de contenido confesional dentro de la enseñanza
obligatoria en las escuelas públicas o privadas, sean o no subvencionadas, así
como la implantación estricta de la laicidad en el ámbito escolar y la
eliminación de cualquier objeto de culto o ideológico de las aulas.
Por
último, en el ámbito social impulsaremos la supresión de los símbolos
religiosos o ideológicos expuestos en edificios o lugares públicos, o bien de
las ceremonias civiles y militares, la eliminación de espacios confesionales en
medios públicos de comunicación, o sostenidos con fondos públicos, y
exigiremos de las autoridades que cumplan con la obligación de ofrecer la
posibilidad de efectuar celebraciones laicas en un entorno digno para los actos
civiles mas importantes de la vida social de los ciudadanos. Finalmente
proponemos la revisión del calendario de fiestas para adaptarlo a las
necesidades y la sensibilidad de un entorno efectivamente laico.
La
convocatoria del I Encuentro por la Laicidad en España en julio del pasado año
nos llegó demasiado tarde para poder participar activamente en él, pero el
conocimiento de su trascendencia y de los resultados obtenidos nos animó a
comprometernos en el éxito de esta segunda edición, que si bien es obra de
muchos y muy especialmente de la Fundació Francesc Ferrer i Guàrdia, para
nosotros tiene un significado especial por celebrarse en Barcelona, ciudad que
vió nacer nuestro movimiento y sede central de nuestra organización.
¿Que
deseamos que salga de aquí? ¿Que esperamos sinceramente conseguir? Pues muchas
cosas, en primer lugar una puesta en común de lo mucho que une a personas y
organizaciones, aun de diversas procedencias, en torno al concepto de la
laicidad. En este campo estimamos imprescindible la colaboración de todos los
sectores, con o sin convicciones religiosas, que como nosotros estén
convencidos de que el único estado tolerante y democrático posible es el
Estado Laico.
A
partir de ello también asumimos un compromiso de futuro para trabajar en las
formas que acordemos aquí entre todos. Posiblemente una red de colaboración a
través de las nuevas tecnologías sería ya un gran avance. Pero en nuestro
horizonte planea la posibilidad de estar presentes en el Forum 2004 de las
Culturas, un reto y una ocasión única de hacer avanzar en breve a toda la
sociedad hacia nuestras propuestas de laicidad, una oportunidad extraordinaria
que el movimiento laicista aquí congregado no debería desperdiciar.
Barcelona,
mayo de 2002
Albert Riba
Presidente de Ateus de Catalunya
Apartat de Correus núm. 13.112
08080-Barcelona